{"id":962,"date":"2021-07-14T14:09:16","date_gmt":"2021-07-14T19:09:16","guid":{"rendered":"https:\/\/beatrizpelayo.com\/?p=962"},"modified":"2021-07-14T14:17:25","modified_gmt":"2021-07-14T19:17:25","slug":"todos-los-dias-son-nuestros-de-catalina-aguilar-mastretta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/beatrizpelayo.com\/?p=962","title":{"rendered":"\u00abTodos los d\u00edas son nuestros\u00bb, de Catalina Aguilar Mastretta"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image is-style-rounded\"><figure class=\"alignleft size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/beatrizpelayo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/jarra.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-963\" width=\"122\" height=\"181\" srcset=\"https:\/\/beatrizpelayo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/jarra.jpg 335w, https:\/\/beatrizpelayo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/jarra-201x300.jpg 201w, https:\/\/beatrizpelayo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/jarra-101x150.jpg 101w\" sizes=\"auto, (max-width: 122px) 100vw, 122px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En casa de mi t\u00eda hay una vitrina que expone sus vajillas m\u00e1s preciadas posadas junto a piezas de selecto cristal que, coquetos, posan al lado de cubiertos de plata. La vitrina siempre est\u00e1 impecable, nadie puede tocar, mucho menos usar los objetos ah\u00ed expuestos. Es una sala privada de su museo personal. Dice que esos objetos son para \u00abocasiones especiales\u00bb, por tanto, la llave est\u00e1 fuera del alcance de las visitas (sobre todo de sus curiosos sobrinos).<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente mi t\u00eda tiene un caj\u00f3n con prendas para esas mismas \u00abocasiones especiales\u00bb, y podr\u00eda apostar que en su chifonier hay sobres sin usar tan antiguos como las secas tintas de sus valiosas plumas que tambi\u00e9n esconde bajo llave \u00abpara una ocasi\u00f3n especial\u00bb, es por dem\u00e1s seguro que en su tocador habitan perfumes, cremas y lociones antiqu\u00edsimas, destinadas a esas \u00abespeciales ocasiones\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos en casa la critican, pues ha vivido sola desde que su marido parti\u00f3, sus hijos crecieron y volaron, nunca se ha sabido que la t\u00eda d\u00e9 lugar a una \u00abocasi\u00f3n especial\u00bb para usar sus delicadamente dobladas prendas, sus finas lociones y su delicada vajilla. Muchos en casa la critican por ser celosa guardiana de esa valiosa vitrina. Tan suya como sus decisiones. Yo no la critico, porque no s\u00e9 si hered\u00e9 o aprend\u00ed de ella a custodiar objetos valiosos para \u00abuna ocasi\u00f3n especial\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00edo no son las esencias, ni las prendas, mucho menos la porcelana, lo m\u00edo ni si quiera es un objeto f\u00edsico. Mi vitrina es virtual y su llave es electr\u00f3nica. Cuando posa sobre mis ojos una rese\u00f1a de prometedor texto, mis dedos apuntan sobre Kindle, oprimen el bot\u00f3n digital, guardo celosamente mi futura propiedad literaria \u2014como mi t\u00eda\u2014, esa obra de arte llamada libro \u00abpara una ocasi\u00f3n especial\u00bb. Como s\u00e9 de qu\u00e9 trata, espero sigilosamente La Temporada y en cuanto hay el tiempo, me lanzo como el halc\u00f3n por su presa.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed fue como lleg\u00f3 a mi \u00abvitrina\u00bb la primera novela de <a href=\"https:\/\/twitter.com\/Cati400\">Catalina Aguilar Mastretta<\/a>. Yo, asidua lectora de la fina pluma de su madre y puntual espectadora de los an\u00e1lisis pol\u00edticos de su padre, me apresur\u00e9 a leer la rese\u00f1a que salt\u00f3 de mi pantalla. No quise leer m\u00e1s, promet\u00eda mucho ese texto, pero no era La Temporada adecuada para leerlo. Mis dedos saben qu\u00e9 hacer, fueron por la llave, abrieron la vitrina y guardaron celosamente la nueva obra de arte. Program\u00e9 mi cerebro para detectar cualquier cambio en el clima y as\u00ed aprovechar La Temporada para degustar este fino manjar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Desde 2016 las olas han ido y venido, ha habido tempestades, pero no como la del verano de 2021, que atrac\u00f3 en mi puerto y dispar\u00f3 la alarma; el guepardo salt\u00f3 directamente a la vitrina, sab\u00eda qu\u00e9 ung\u00fcento necesitaba y al amanecer, dispuse mi nido para que ning\u00fan otro mal azotara la puerta e interrumpiera mi terapia. Sorpresa me llev\u00e9 al ver que la bella portada roja con unas hermosas flores y las blancas letras escritas a modo de tiza que hab\u00eda guardado en 2016 de Editorial Oc\u00e9ano, de M\u00e9xico, ahora era otra. El tiempo todo lo cambia. La que mis ojos ve\u00edan ahora era una popcolorida cubista portada de la editorial espa\u00f1ola Destino que me desafiaba a subir al globo aerost\u00e1tico con la pareja que miraba al cielo, evit\u00e9 el caos que genera tanto cuadro en mi cerebro y sub\u00ed, as\u00ed, sin invitaci\u00f3n, justific\u00e1ndome con que ya hab\u00eda pagado mi cuota para disfrutar el viaje que inicia con una pregunta que magistralmente se retoma al final de la obra. Apenas llevo el 1% de la lectura (seg\u00fan Kindle indica) y ya estoy sintiendo el est\u00f3mago revuelto y las ganas de llorar, como el personaje femenino del que a\u00fan desconozco su nombre. Ahora que conclu\u00ed esta deliciosa, agridulce y espectacular novela, s\u00e9 que ese 1% de lectura est\u00e1 narrada en tiempo presente y cuidadosamente nos lleva al doloroso pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>La autora me revuelve, me lleva con el personaje (que supongo y luego confirmo es el principal, femenino. Muy femenino) a sentir lo que ella siente, ahora que llegu\u00e9 al 100% de la lectura seg\u00fan Kindle, necesito ir al 1% a leer de nuevo, a cerrar el c\u00edrculo que intempestivamente abri\u00f3 la autora, lo hago y podr\u00eda leer en c\u00edrculo nuevamente, porque esto no es una lectura, es una vivencia. No es una obra de teatro, ni una pel\u00edcula, es la vida misma. Es La Temporada. Todos pasamos alguna vez en la vida por esa amarga, triste, desencantadora, desgarradora experiencia\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hay cosas que se aprenden, otras se heredan, considero que el talento de Catalina Aguilar Mastretta es 66% una fusi\u00f3n de ambas, el otro % es su talento propio, mezclado con su basta imaginaci\u00f3n y, sin duda, su experiencia propia, su aguzado o\u00eddo, sus grandes ojos que dictan a sus contempor\u00e1neos dedos qu\u00e9 y c\u00f3mo narrar.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentimiento es com\u00fan, muchos conocemos a la Bestia hemos luchado contra ella y nos hemos desvelado por ella. Muchos hemos vivido Cuando Empez\u00f3 y Cuando Termin\u00f3. Algunos de nosotros hemos experimentado La Cosa Terrible y si no hemos hecho La Persecuci\u00f3n, hemos deseado hacerla. Muchos son los \u00abfantasmas\u00bb con los que conversamos, nos siguen a todas partes, algunos viven dentro de nuestra cabeza (sin invitaci\u00f3n, como yo con los personajes) y si quien me lee no entiende a qu\u00e9 me refiero en este p\u00e1rrafo, debe subirse a ese globo aerost\u00e1tico como lo hice, de manera sigilosa para ser testigo de lo que sucedi\u00f3 con esta hermosa pareja que mira al cielo y as\u00ed, en silencio, caminar tras ellos observando, sintiendo, profetizando, consol\u00e1ndolos y autoconsol\u00e1ndose, caminando en ese c\u00edrculo de tiempo que abre la autora en el 1% y que lleva a otros c\u00edrculos de tiempo, de personajes, de lugares (tan conocidos), pero sobre todo, de sentimientos (al m\u00e1ximo), una espiral, una turbulenta cascada de emociones que en tiempo presente y en primera persona abordar\u00e1n al lector sin aviso previo, sin preguntar, sin tregua.<\/p>\n\n\n\n<p>Como era mi prop\u00f3sito, no sal\u00ed de mi nido hasta que termin\u00e9, sin quererlo, porque no quer\u00eda salir del texto, como no quise que sali\u00e9ramos el personaje principal y yo del primer departamento, porque yo tampoco esperaba, mucho menos quer\u00eda que \u00e9l se fuera. Me urg\u00eda salir de La Caja Gris, pero no quer\u00eda salir de la contratapa (si es que los libros electr\u00f3nicos tienen) y que me imagino con los mismos coloridos cuadros y ahora la pareja mirando hacia abajo, porque ya baj\u00e9 del globo, porque ya no les estorbo en su viaje, en su baile, en su conversaci\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-rounded\"><figure class=\"alignright size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/beatrizpelayo.com\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/Globo-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-966\" width=\"134\" height=\"229\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Como era mi prop\u00f3sito, no sal\u00ed de mi nido hasta que termin\u00e9, sin quererlo, porque no quer\u00eda salir del texto, como no quise que sali\u00e9ramos el personaje principal y yo del primer departamento, porque yo tampoco esperaba, mucho menos quer\u00eda que \u00e9l se fuera. Me urg\u00eda salir de La Caja Gris, pero no quer\u00eda salir de la contratapa (si es que los libros electr\u00f3nicos tienen) y que me imagino con los mismos coloridos cuadros y ahora la pareja mirando hacia abajo, porque ya baj\u00e9 del globo, porque ya no les estorbo en su viaje, en su baile, en su conversaci\u00f3n\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Mis dedos no quieren oprimir el bot\u00f3n X, eso significa que esto termin\u00f3. No quiero ir a mi vitrina a guardar el libro, eso significar\u00eda oprimir la tecla que regresa a la realidad, donde est\u00e1 La Temporada, porque efectivamente, \u00abTodos los d\u00edas son nuestros\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En casa de mi t\u00eda hay una vitrina que expone sus vajillas m\u00e1s preciadas posadas junto a piezas de selecto cristal que, coquetos, posan al lado de cubiertos de plata. 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