La Secretaría de Educación Pública ha hecho muchos esfuerzos por promover la sana convivencia en los centros escolares, sobre todo en años recientes ante el incremento en las situaciones de violencia entre pares.

Durante los años que tuve la distinción de se responsable de la Instancia Estatal de Formación Continua de Quintana Roo, participé activamente en un programa que corría a la par, el Programa para la Prevención de la Violencia de la Mujer (PREVIOLEM), diseñado a partir de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en 2007.

Este programa fue creado por la Subsecretaría de Educación Básica, a través de la Dirección General de Formación Continua de Maestros en Servicio, en el marco de la Formación Cívica y Ética con el propósito de formar y profesionalizar a todas las figuras de Educación Básica en materia de igualdad de género, derechos humanos y prevención de la violencia. Se editaron guías, manuales y libros; se realizaron conferencias, talleres, cursos y foros para que profesores, personal de Apoyo Técnico Pedagógico, así como directivos escolares con el propósito de promover el respeto a los derechos humanos, la equidad entre varones y mujeres, con énfasis en la prevención de la violencia hacia las mujeres desde preescolar hasta secundaria.

El programa tenía acciones y presupuesto específico para organizar actividades formativas, de tal manera que la Ley no sólo se cumpliera, sino que formáramos una nueva generación de ciudadanos y erradicáramos tanto este tipo como otros de violencia.

En Quintana Roo contamos con el apoyo de la Mtra. Alma Gabriela Nery Pego, que en ese tiempo estaba a cargo de programas de apoyo para alumnos del Instituto Politécnico Nacional y tenía relación directa con la Dra. Martha Tronco, creadora del «violentómetro», con el alto sentido académico que les caracteriza y su generosidad, recibimos 14,000 violentómetros, uno para cada figura educativa de esta entidad federativa, además de otros para pegar en puertas y ventanas de las aulas, en las oficinas de la Secretaría de Educación de Quintana Roo.

Cada Estado diseñó sus estrategias de operación y vinculación, esfuerzos desde áreas centrales y en las propias escuelas, todo en pro de la sana convivencia. Fue este concepto el que dio paso a otro programa, porque así es este país (como muchos otros): programas van, programas vienen, todos con las mismas intenciones, diferentes formas de operar. PREVIOLEM fue eliminado del presupuesto y se creó el Programa Nacional de Convivencia Escolar (PNCE), yo ya no estaba en el área de Formación Continua, me correspondió participar en la base de la pirámide: el aula.

Fue frustrante analizar las guías y recibir una ficha que tenía que aplicar cierta hora en cierto grupo, sólo para cumplir con el fichero, que por cierto, estaba bien estructurado, diseñado de manera atractiva, contaba con todos los elementos técnicos de una ficha técnico-pedagógica: propósito, recursos necesarios para operarlo, tiempo estimado de aplicación en el aula, todas las actividades acordes al nivel al que iba dirigido; sin embargo, éstas eran aplicadas sin vinculación ni con los contenidos del programa de estudios, y quedaba a criterio del directivo escolar si se socializaban, medían y evaluaban los resultados en el centro escolar a su cargo, así sucedía a nivel de zona escolar y, obviamente, del nivel educativo. El propósito fundamental de este programa es el desarrollo de competencias socioemocionales, término que mucho ha sido cuestionado por psicólogos expertos en la materia.

El último registro que se tiene en el sitio web del Gobierno de México, en el apartado «Escuela libre de acoso», presenta el manual 2017 para este programa, fue disminuyendo conforme el presupuesto asignado también lo hizo, hasta que, en 2020 el programa desapareció del presupuesto federal.

Aunque no hay una estrategia clara por parte de la autoridad educativa para continuar con acciones en torno a la sana convivencia (como se le ha llamado coloquialmente dentro de las escuelas de Educación Básica), muchas zonas escolares continúan trabajando con el manual del extinto PNCE.

A la par, las Instituciones de Educación Superior han hecho un esfuerzo similar desde otra perspectiva: la cultura de paz.

«La construcción de una cultura de paz y desarrollo sostenible es uno de los objetivos principales del mandato de la UNESCO. La formación y la investigación para el desarrollo sostenible están entre sus prioridades, así como la educación para los derechos humanos, las competencias en materia de relaciones pacíficas, la buena gobernanza, la memoria del Holocausto, la prevención de conflictos y la consolidación de la paz»[i].

La paz estaba implícita en uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuando estos migraron a la agenda 2030, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ocupó el lugar número 16:

Objetivo 16: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas[ii]

Si la ONU llamada a la acción desde la paz, si las Instituciones de Educación Superior en México han trabajado en torno a ella, con programas propios o los recién diseñados por Espacio Docente de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), ¿por qué no aprovecha la Secretaría de Educación Pública estos esfuerzos?, ¿por qué no se suman las Secretarías e Institutos de Educación Estatales?, hay basta experiencia digna de aprovecharse.

En diferentes foros educativos he realizado esta propuesta, ahora la hago por este medio. Andemos por el camino que otros han pavimentado, conduzcamos a los escolares de Básica por sendas seguras, construidas por expertos, continuemos formando a las figuras educativas ahora con visión global, en un sentido, no en dobles o múltiples sentidos (programas federales, estatales, municipales, a los que se suman los de cada zona escolar, más los que la propia escuela diseñe). A la larga, con tanto programa nos convertimos en activistas, más que en ejecutores, en meros operadores, dejando de lado la formación, la sensibilización y la acción directa sobre problemas sociales específicos que a todos afectan.

El activismo produce cansancio y simulación, desvía el rumbo hasta alejarse del objetivo, deteriora el propósito.

Apeguémonos a los Objetivos de la ONU desde Educación Básica, diseñemos todas nuestras acciones para que nuestros pequeños educandos los conozcan y aporten tanto su sentir como su actuar hacia la mejora de esta sociedad, que en un futuro dirigirán. Optimicemos los presupuestos, los esfuerzos personales e institucionales y, sobre todo, demos un sentido a la formación…

Si eres parte del sistema educativo, te pregunto: ¿conoces los Objetivos de Desarrollo Sostenible?, ¿qué has hecho desde tu área de trabajo para contribuir a su cumplimiento? Porque tic tac, nos acercamos a 2030, tic tac tenemos un planeta que nos necesita (humanos incluidos).

Si no formas parte del sistema educativo, te pregunto lo mismo, porque tic tac…


[i] https://es.unesco.org/themes/programas-construir-paz

[ii] https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/peace-justice/

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